Onamio

Onamio, conocido como el pueblo del hierro cuyo sobrenombre se debe a que fue aquí donde se enclavaron las principales minas de Coto Wagner. De ello quedan aún muchas muestras. Una de ellas es la imagen «agujereada» del terreno. Agujeros que recuerdan la intensa actividad industrial y que han causado un importante impacto al paisaje. Lo mismo sucederá de camino hacia Paradasolana. De este modo, castilletes, tolvas o restos arqueológicos se pueden contemplar con este paseo que tiene a un pequeño riachuelo como acompañante. No sólo cuenta la historia, sino que en los años más recientes los agujeros han seguido surgiendo en el terreno. Algunos, de más de 20 metros.

Esa degradación del medio ambiente se puede contemplar también con las escombreras o los montes realmente afectados y maltratados por estas minas.

Este municipio guarda un gran atractivo turístico, que pide a las administraciones que inviertan en sus monumentos para evitar los saqueos a los que ya están más que acostumbrados sus vecinos. En el podemos ver las ruinas del Horno, construcción que dejo el Coto Wagner utilizado para separar el hierro de otros materiales y mejorar la calidad de la producción.

También se puede ver la planta de tratamiento de mineral, entre tierra y maleza, aún se ven las tolvas y las cintas transportadoras que llevaban el hierro hasta el horno, para después devolverlas de nuevo a la planta. Se pueden ver algunos vestigios de lo que era el teleférico que llevaba los cestos llenos de mineral hasta la estación de San Miguel de las Dueñas.

Una vez pasado por Onamio se divisa a la izquierda el paraje conocido por la Era del Castro, desde donde se vigilaban los canales que, recorriendo la ladera, procedían del río de Castrillo y se dirigían a las minas de Castropodame.

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